Hay algunos sentimientos que navegan con uno, si uno es el que navega… De una posición de navegante, hablo, física, sentimental, espiritual, intelectual, y hasta socialmente, en donde uno puede seguir siendo lo que es, indefinidamente. Es la idea de una evolución presente, es la idea real del tiempo. Es donde uno es, de su pasado, consciente, y consciente de su futuro: melancólico (hasta el solo justo grado) de su pasado e iluso (en el preciso sentido) de su futuro.
Son los sentimientos del dolor melancólico y los de la ilusión comprometida sentimentalmente.
Hay una forma de ser que tenemos comunitariamente. Es admitir nuestro pasado. Y conocerlo… mucho antes de poder admitirlo (ahora, es cierto que lo conocemos). Y entonces involucrarnos sentimentalmente con las ilusiones… Es el tirante y bello cabrestante de nuestras velas, que tensa tanto el mundo de ilusiones de las velas, en los aires, como uno ficticio (porque nos cuesta mucho imaginar) de unas quillas hacia lo profundo de las aguas de nuestro pasado. Ambas partes de nuestro cuerpo (sentimental, y en todos los aspectos) se mueven dentro de sus medios, el futuro y el pasado. Eso también es parte de la tensión del cabrestante de dos cuerdas… Algo que solemos llamar corazón.
Eso es navegar…
domingo, 8 de noviembre de 2009
El dolor y la ilusión.
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Pavlko
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9:29 p. m.
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viernes, 6 de noviembre de 2009
Tarde apacible en el pueblo de la Abadía.
Buena era la tarde, sobre todo debido al sol en la abadía. Una golondrina jugaba revoloteando alrededor de la cruz, y el abad que estaba ocupado en sus deberes terrenales daba vuelta a la tierra en la quinta del sur de la iglesia.
Una mujer hermosa caminaba sobre la tierra negra, apretada. Sus anchas caderas, sus elevados muslos, sus férreos glúteos, todo iba sobre sus pasos deslumbrando a las serpientes que aturdidas inclinaban sus cabezas hacia atrás y se volvían entre los pastos.
Un niño, mitad despierto, y mitad en el gratuito disfrute de la vida, pasó en las ancas de un tractor, mirando a la señorita que no dejaba de caminar aunque ya estuviera llegando al pueblo. Su padre nombró a alguien, a quién el niño no reconoció, y dio por olvidada la conversación mientras el andar del camino le distraía de más historias de las que sería capaz de imaginar en una hora entera. El niño volvió a sonreír cuando la rueda opulenta del tractor pasó al lado de una hormiga que en la enorme diferencia de todo, se quedó quieta.
En la casa del pelado artista, sonaba un piano, desafinado además de ser tocado de manera inusada. En la ventana una rosa, ya cabizbaja y marchita de la savia de la tarde anterior, profundizaba su olor al sol… y parecía estar escuchando la canción. En la ventana, atravesando su espacio abierto, se sacudían las ropas blancas del hombre que también se limpiaba sus propios calzones, como se cocinaba, o mantenía la casa en gran parte limpia.
Al llegar al pueblo, la mujer, el verdulero sufrió un pequeñísimo infarto que más bien le produjo que mal (de algún modo extraño re irrigó de una nueva manera su corazón), al agacharse detrás del cajón de las frutillas, porque una se había caído y no quería volver a la luz de la humilde pero muy bien iluminada verdulería. El esbozo de profundo coqueteo se prolongó sostenidamente, mientras esas mismas caderas se movieron tanto de un lado para el otro como desde abajo hacia arriba, descansando su propio peso en una o en otra porción de las propias carnes.
No era carnicería a lo que el verdulero quería dedicar su vida, pero en los ojos algo le brilló y un colmillo, también, bajo el reluciente reflujo de las cáscaras de los duraznos iluminados por el sol. De su asiento se recuperó y sin saber cómo, hasta un costado de la mujer hermosa llegó, no se agachó pero hizo el amague, le ofreció ayudarla y se quedó parado observando los árboles de la calle que justo pasaban por allí.
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1:14 a. m.
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jueves, 29 de octubre de 2009
Estar acá
con vista al cielo
ya es muy bueno...
estar acá
o en otro lado
no tiene nada malo...
que viva
el ser humano.
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11:37 p. m.
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no creas de más
en la belleza que no
comienza...
solo creé en
la belleza en movimiento...
es siempre
más fácil, vivir
que morir...
que morir.
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Pavlko
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11:33 p. m.
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jueves, 27 de agosto de 2009
Fuera del miedo
existe un mundo de ilusión
un mundo de ilusión...
Un mundo
que brota
por las ramas
de un amor
que vivo
como está
no dejará nunca
de morir...
Vivo, brota,
ay! mundo...
Brota, brota...
Fuera del miedo
hay una ilusión
de un mundo
nuevo, que nunca,
nunca ha dejado
de morir...
Fuera
fuera del miedo
hay un mundo
de ilusiones
que mueren cada día
esperando ser de nuevo
hambre de la herida...
hambre de otro día...
Fuera del mundo
donde habita el miedo,
reina una loca princesa,
dueña de las siestas...
brilla su cono de belleza
donde se refugian
ilusiones nuevas
que mueren
con cada espera...
en cada espera...
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Pavlko
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11:00 p. m.
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con Las manos frías, mojadas, o sucias, de las cosas de la naturaleza. En el borde de la conciencia, de mis propias manos, de mi propia cara, de mi comodidad… el calor que siento al tocarte y verte, mi reina, suelta, libre, en las colinas de mi cama, en la simpleza de estar vivos, de amar la simple vida, de dejar caer las rosas que no son más que flores de algunos momentos, ¿por qué no estar sucios? ¿por qué no estar muy limpios, algún día? ¿por qué no cojer de parados un rato? ¿por qué no amarte como aman los pájaros a los árboles, los que aún no han conquistado? tus piernas como a las que no habría tocado nunca, tu espalda como la espalda del mundo, donde toda alegría puede volver a renacer… como atrás de las montañas el sol. Quiero tener tu corazón todos los días en mis manos, en mis manos… en mis sencillos dedos, tus ojos, tu cara, tus tetas, tus nalgas, quiero que toda la alegría y la tristeza de tu cuerpo me rodeen… quiero estar en tu mar como un bote, con la panza hacia lo más profundo… con la proa y la popa jugando el destino, nunca decididos, nunca definidos… Quiero encontrar la fuerza de tus mareas, la fuerza de tus lunas, el profundo silencio de tus noches estrelladas, y las no… el barullo de tus tormentas, la cruda dificultad de tu vida… Como el agua, quiero que me rodees, que te metas por todos mis agujeros y que no tenga escapatoria, que te respire, que me suelte a tu bravura, que me entregue a tu deseo, que me abra hacia tu corazón como se abren los vestidos… como se abren los vientos, alrededor de los arboles, como se abren las piedras, para darse al agua.
Quiero amarte, si amarte significa estar todo el tiempo abierto a tu gusto… desarmado y fuerte en ese espacio. Que me quieras fuerte en esa sinceridad, me des fuerza en esos supuestos. No quiero comer tu miedo, ni quiero disfrutar con tu angustia.
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Pavlko
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10:55 p. m.
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viernes, 7 de agosto de 2009
Después de
sentirme muerto
quizás,
vuelvo,
en todos los tiempos
conjugados,
a sentirme a punto
de descubrir
un secreto...
dentro de tanto silencio,
que grita...
mi ojo
tiene tiempo
pero
otros colores
lo rodean inciertos...
Otros colores a punto
de ser explorados.
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Pavlko
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11:28 p. m.
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