viernes, 6 de febrero de 2009

29 de febrero del 2004

Una avispa es un bicho avispado, rojo y doblado, lejanamente encrespado y tenue, tenue, pero tenuemente enojado. A algo le debe de temer... grande, redondo o cuadrado a algo le ha de temer... chiflado loco o desahuciado, a algo le ha de temer... todo tan triste tan triste y no hay nadie que la convenza... avispa...avispa...

Doblado y orientado a no temer, a no temer... no ha de tener ese bicho nadie que la quiera... nadie que la pueda. Desorientado y aburrido, de tanta incapacidad, estoy desesperado esperando que vuelva... que vuelva a nacer y esta vez bien.

Tan triste es y ha de ser ese bicho, que he estado llorando. Ha de tener en lugar de corazón un cerebro o un árbol, frío y seguro, todo mezclado en su propio jugo. Debe ser un bicho triste, y seguro de su tristeza por dentro. Debe tener dos ojos violetas, y dos mentes discretas, que nunca se han tocado, una y otra bien al lado. Tanto he llorado...

Creo que ha estado triste, por lo menos un poco. Quizás estuviera embarazada, o quizás no, y también enamorada, soñada y apresada. Quizás la cintura, que une su abdomen de su cuerpo como si lo separara, quizás entonces la cintura, no sea de ella. Quizás entonces la verdadera no sea ella. Tanto me ha de haber pasado.

Fue una avispa y ha de haber sido una picadura, no lo sé. Ni siquiera es amor. Porque lo que yo siempre busqué fue otra cosa y no amor, y lo que encontré fue solamente amor. En la avispa colorada, roja y desesperada. Cola grande enorme y lujosa, para mí una rosa, inyectada en mi mejor, no ha sido más nada que una picazón. Toda una flor.

Sin embargo la avispa era tan solo una avispa, y siempre lo fue, desde el principio. Ha sido chancho y ha volado, pero no lo ha de recordar, porque nunca se lo he visto demostrar; se debe haber acordado, y me debe haber olvidado, ...olvidado y vacío no hay nada que quiera más que tirarme en la arena. Solo y desolado, tan solo aburrido, como en los viejos tiempo, como en los muy viejos tiempos. Quiero estar rodeado de flores, y de jazmines que me digan que sí, que si la vieran la matarían, la besuquearían toda hasta dejarla empapada y que, después ...no pueda volar.

Estoy triste y he de estarlo por un buen rato, es que aún no puedo no quitarme nunca más los zapatos. Estoy triste y desolado, y quizás no puedo ni recordarlo, una vez más, otra vez más.
Es una avispa, aún lo sigue siendo y lo seguirá por siempre, y aún es feliz, me espera sola y aburrida, loca y garantida, una avispa en flor de la vida y enojada. No ha de estar rodeada, esta vez, de los grandes amigos. Sin embargo me acerco y llora como desconsolada, quizás hasta embarazada esté. Nada más que eso, ...embarazada no. Debe de estar rodeada de los jazmines azules que le dijeran que no... que no ha de estar embarazada, no por ahora. Y mis ojos lloran lágrimas azules de esperma celeste y aburrido, enojado y aturdido, todos mis ojos se dedican a mirarla, quieta, aburrida, desesperada. Nada más que eso es el final... triste y aburrido, para todas las flores, horribles gusanos del cielo celeste y podrido que aún aguanta, aguanta todo lo derrochado y lo tirado.

El cielo azul, rodeado y encerado, ha estado. Tantas veces de fiesta, rodeado de los colores que le faltan, y en el centro de una avispa floja y cansada, roja y doblada un triste recuerdo, una triste solución.

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